Como todo buen joven apasionado, me veo en la necesidad casi vital, de hablar sobre el amor y todas sus variedades. Para mí, hasta el momento, el amor ha tenido muchos nombres, pero esto es bueno, no creen? Tantos rostros que hasta el momento me estremecen, e inclusive provocan cierto temblor en mi tórax. Qué cosa más perfecta que el suspiro de una mujer, y tan entrañable que su sonrisa al amanecer. Es cierto que nadie escoge de quién se enamora, de la misma forma que nadie sabe cuando se enamoró.
Tengo la necesidad de hablar sobre Ana. Si alguna vez uno de ustedes pudiese ver sus ojos, entendería porque la vida es tan bella como es. Nos conocimos en la escuela cuando tenía 16 años aproximadamente, ese mismo día que la vi dije: Que no daría por besar sus labios, lógicamente como buen estudiante me enamoré de la más bella de la clase, sin siquiera conocerla. Honestamente el hecho de no conocerla me importaba poco, casi nada; para que engañarlos no me interesaba para nada, si era narcotraficante o extorsionadora me importaba un carajo. Lo único que sabía es que quería soñar con ella, era consciente que las probabilidades de lograr entablar una relación con ella eran bajísimas cercanas al cero, o si algún buen matemático lee esto mis probabilidades tendían al cero como una función logarítmica. Era la historia perfecta!.
Ana, que bello nombre, tan directo, tan fácil de amar, y porque no, también tan fácil de recordar.
Y como toda verdadera historia de amor, el final tuvo que ser perfecto!! Ana y el plebeyo siguen siendo el uno para el otro, aunque dicha Ana no sea la misma d antes...
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