Hay días que merecen quedarse en el recuerdo y no ser mencionados bajo ninguna circunstancia.
Este no es uno de esos.
Doble la esquina con rumbo a lo que sería una tarde memorable y seguí mi camino sin apuro. La tarde era propicia para mi, la temperatura bastante agradable para los que apreciamos el frío y humedad de Lima; de pronto recibí una llamada, era ella y me dijo: Disculpa salí mucho antes ya llegué. Afortunadamente había salido también con anticipación.
Nos vimos y la bese como si fuese esta la última vez que nos íbamos a ver, ella me miro con una sonrisa en su rostro y entendí lo bello de esta vida, de lo que tanto hablan poetas y escritores acerca del amor era verdad!, era ella y tan sólo ella. Sus labios eran probablemente la cosa mas perfecta en este mundo, y sus ojos, me hechizaban y me convertían prácticamente en un ente sirviente a sus ordenes, la amaba con locura y no me arrepiento de haberla amado tanto.
La tenia en frente de mi, me miraba y me abrazaba, la tenia en frente de mi y sentía que estaba jodidamente enamorado; pude advertir que había perdido la razón. En mi mente pasaba ideas como, amarla eternamente, y claro, en ese momento yo sabia que podía hacerlo. La seguía teniendo en frente de mi y sentía que mi vida por fin tenia un motivo, casi simultáneamente me decía a mi mismo que aparte de la razón acababa de perder el amor propio, era consciente de ello y no me importaba. La tenia en frente de mi y pensaba que no existía hombre mas feliz en ese momento; sentía que estaba suspendido en otra dimensión.
La bese y la continué besando, la continué amando. Sabia que había perdido la razón y no pensaba en nada mas que en amarla, continué amándola, mi amor crecía cada instante de tiempo y no paraba.
Esa no fue la última vez que nos vimos, pero si la última vez en las que nos amamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario